martes, 13 de marzo de 2007

Triste recuerdo ...

24 de agosto de 1994, Uruguay, Montevideo, Álvaro Fernando Morroni cae muerto con varias heridas de bala a manos de la represión policial, la que, como suele suceder, es impune, cobarde y desmedida.
Una vez más una víctma inocente cae en una manifestación porque alguien no supo controlarse, y como siempre en estos casos, muchos sufren, directa o indirectamente por una muerte lamentable, triste, amarga, y más triste y más amarga por lo inútil, por lo innecesaria.
Morroni acudió a la "Manifestación del Filtro", trataba de evitar la extradición de varios etarras, y no voy a decir presuntos etarras, voy a decir etarras. En Uruguay, en esos días, se decía que en España se les torturaría, que la justicia española no daba garantías y un montón de etcéteras.
Hace unos días han vuelto a detener a uno de estos etarras, Mikel Ibáñez fue detenido en París y espera allí que se completen los trámites de su extradición a España. ¿Sabéis por qué se lo pudo detener otra vez? porque la justicia española lo exonero en el juicio anterior por falta de pruebas, esa justicia torturadora y falta de garantías lo dejó libre, porque no podía demostrar que era culpable.
No voy a cagarme en todo lo cagable, no voy a insultar, no voy a vociferar, no voy a hacerlo porque estoy triste, triste porque un compatriota, tal vez un idealista, o tal vez alguien que fue por ir, para acompañar a un amigo, murió inutilmente hace ya más de 12 años, defendiendo los derechos de alguien que no ha respetado en otros, el mismo derecho que Morroni entregó aquella noche de invierno, el derecho a su vida. Estoy triste porque ese día, muchos amigos y compañeros, arriesgaron su vida por la misma causa, y estoy triste, porque sé que si volviera a ocurrir, otros tantos volverían a arriesgarla.
Desde aqui, humildemente, pido a mis compatriotas, amigos, compañeros y desconocidos, encarecidamente os pido, os suplico: vivid y morid según vuestra conciencia y vuestras consignas, pero por favor, en uno u otro caso, aseguraos de que valga la pena.
VIVA LA LIBERTAD

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